ESTE BLOG ES UN BLOG CRISTIANO DONDE SE VA A EXPONER LA PALABRA DE DIOS. BENDICIONES PASTORA LUCY
septiembre 06, 2012
EXODO 26
Éxodo 26
Dios Habla Hoy (DHH)
El santuarioA)'>
26 »Haz el santuario con diez cortinas de lino torcido, tela morada, tela de púrpura y tela roja; borda en ellas artísticamente dos seres alados. 2 Todas estas cortinas deben tener la misma medida: doce metros y medio de largo por dos de ancho. 3 Cose cinco cortinas juntas, una sobre la otra, lo mismo que las otras cinco, 4 y pon unos ojales de cordón morado en el borde de la primera cortina de un grupo, y también en el borde de la última cortina del otro grupo. 5 Tanto a la cortina del primer grupo como a la del segundo, debes hacerles cincuenta ojales, de manera que queden uno frente al otro. 6 Haz también cincuenta ganchos de oro para enganchar un grupo de cortinas al otro, de modo que el santuario forme un todo.
7 »Haz también once cortinas de pelo de cabra para formar una tienda de campaña que cubra el santuario. 8 Todas estas cortinas deben tener la misma medida: trece metros y medio de largo por dos de ancho. 9 Cose cinco cortinas juntas por una parte, y seis por otra, y dobla la sexta cortina por la parte delantera de la tienda de campaña. 10 Haz luego cincuenta ojales en el borde de la cortina que cierra el primer grupo, y otros cincuenta ojales en el borde de la cortina del segundo grupo. 11 Haz también cincuenta ganchos de bronce y engánchalos en los ojales, de modo que la tienda de campaña forme un todo. 12 Y como las cortinas de la tienda son más largas, la mitad de la parte sobrante quedará colgando a espaldas del santuario. 13 Así el santuario quedará cubierto por el largo sobrante, que colgará de los dos lados: cuarenta y cinco centímetros de un lado y cuarenta y cinco centímetros del otro.
14 »Haz para la tienda de campaña una cubierta de pieles de carnero teñidas de rojo, y una cubierta de pieles finas para la parte superior.
15 »Haz unas tablas de madera de acacia, para el santuario, y ponlas bien derechas. 16 Cada tabla debe medir cuatro metros y medio de largo por sesenta y cinco centímetros de ancho, 17 y tener dos espigas para que cada tabla quede ensamblada con la otra. Haz así todas las tablas para el santuario. 18 Cuando las hagas, haz veinte tablas para el lado sur, 19 y pon cuarenta bases de plata debajo de ellas. Cada tabla debe tener dos bases debajo, para sus dos espigas.
20 »También para el otro lado del santuario, o sea el lado norte, harás veinte tablas 21 con sus cuarenta bases de plata, para que debajo de cada tabla haya dos bases. 22 Para la parte posterior del santuario, o sea el lado oeste, haz seis tablas, 23 y dos tablas más para las esquinas de la parte posterior. 24 Estas tablas deben formar pareja y quedar unidas por la parte de arriba hasta el primer anillo. Así ha de hacerse con las dos tablas para las dos esquinas. 25 Habrá entonces ocho tablas con sus correspondientes dieciséis bases de plata, o sea dos bases debajo de cada tabla.
26 »Haz cinco travesaños de madera de acacia para las tablas de un lado del santuario, 27 cinco travesaños para las tablas del otro lado y otros cinco travesaños para las tablas de la parte trasera, la que da al oeste. 28 El travesaño central tiene que pasar de un lado a otro, a la mitad de las tablas. 29 Después recubre de oro las tablas, y hazles argollas de oro para que los travesaños, ya recubiertos de oro, pasen a través de ellas. 30 En fin, construye el santuario exactamente igual al modelo que se te mostró en el monte.
31 »Haz un velo de tela morada, tela de púrpura, tela roja y lino torcido, y borda artísticamente dos seres alados en él. 32 Y luego, con unos ganchos de oro, cuélgalo de cuatro postes de madera de acacia, que deben estar recubiertos de oro, y sobre cuatro bases de plata. 33 Cuelga entonces el velo debajo de los ganchos, y allí, tras el velo, pon el arca de la alianza. Así la cortina les servirá a ustedes de división entre el Lugar santo y el Lugar santísimo. 34 Coloca después la tapa sobre el arca de la alianza, en el Lugar santísimo. 35 Pon la mesa fuera del velo, en el lado norte del santuario, y el candelabro en el lado sur, frente a la mesa.
36 »Haz para la entrada de la tienda de campaña una cortina de tela morada, tela de púrpura, tela roja y lino torcido, bordada artísticamente. 37 Haz también, para la cortina, cinco postes de madera de acacia recubiertos de oro, con sus ganchos de oro, y funde cinco bases de bronce para los postes.
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PASTORA LUCY DESIGN
septiembre 05, 2012
EXODO 25
Éxodo 25
Dios Habla Hoy (DHH)
Ofrendas para el santuarioA)'>
25 El Señor se dirigió a Moisés y le dijo:
2 «Di a los israelitas que recojan una ofrenda para mí. Deben recogerla entre todos los que quieran darla voluntariamente y de corazón; 3 y lo que deben recoger es lo siguiente: oro, plata, cobre, 4 tela morada, tela de púrpura, tela roja, lino fino, pelo de cabra, 5 pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia, 6 aceite para lámparas, perfumes para el aceite de consagrar y para el incienso aromático, 7 y piedras de cornalina y otras piedras finas para montarlas en el efod y el pectoral del sumo sacerdote. 8 Y háganme un santuario para que yo habite entre ellos. 9 Pero ese lugar donde yo he de habitar, y todos sus muebles, tienes que hacerlos exactamente iguales a los que te voy a mostrar.
El arca de la alianzaB)'>
10 »Haz un arca de madera de acacia, que mida un metro y diez centímetros de largo, sesenta y cinco centímetros de ancho, y sesenta y cinco centímetros de alto. 11 Recúbrela de oro puro por dentro y por fuera, y ponle un ribete de oro alrededor. 12 Hazle también cuatro argollas de oro, y pónselas en las cuatro patas, dos de un lado y dos del otro. 13 Haz también travesaños de madera de acacia, recúbrelos de oro, 14 y pásalos a través de las argollas que están a los costados del arca, para que pueda ser levantada con ellos, 15 y ya no vuelvas a quitarlos; déjalos ahí, en las argollas del arca, 16 y coloca en el arca la ley que te voy a dar.
17 »Haz una tapa de oro puro, que mida un metro y diez centímetros de largo por sesenta y cinco centímetros de ancho, 18 con dos seres alados de oro labrado a martillo en los dos extremos. 19 La tapa y los seres alados deben ser de una sola pieza; uno de ellos estará en un extremo de la tapa y el otro en el otro extremo, 20 el uno frente al otro, pero con la cara hacia la tapa, y sus alas deben quedar extendidas por encima de la tapa cubriéndola con ellas. 21 Coloca después la tapa sobre el arca, y pon dentro del arca la ley que te voy a dar. 22 Allí me encontraré contigo y, desde lo alto de la tapa, de entre los dos seres alados que están sobre el arca de la alianza, te haré saber todas mis órdenes para los israelitas.
La mesa para el pan de la presenciaC)'>
23 »Haz una mesa de madera de acacia, que mida noventa centímetros de largo, cuarenta y cinco centímetros de ancho, y sesenta y cinco centímetros de alto. 24 Recúbrela de oro puro, y ponle un ribete de oro alrededor. 25 Hazla con un entrepaño de siete centímetros de ancho, y ponle al entrepaño un ribete de oro; 26 haz también cuatro argollas de oro, y pónselas en las cuatro esquinas que corresponden a las cuatro patas, 27 de tal manera que queden junto al entrepaño, para que se pasen los travesaños por ellos y se pueda llevar la mesa. 28 Haz de madera de acacia los travesaños con los que se ha de llevar la mesa, y recúbrelos de oro, 29 y haz de oro puro sus platos, cucharones, jarras y copas para las ofrendas de líquidos. 30 Pon siempre en la mesa, en presencia mía, el pan que se me consagra.
El candelabro de oroD)'>
31 »Haz también un candelabro de oro puro labrado a martillo. Su base, tronco, copas, cálices y pétalos formarán una sola pieza, 32 y de los costados le saldrán seis brazos, tres de un lado y tres del otro. 33 Cada uno de los seis brazos que salen del tronco del candelabro deberá tener tres copas en forma de flor de almendro, con su cáliz y sus pétalos, 34 y el tronco mismo tendrá cuatro copas, también en forma de flor de almendro, con su cáliz y sus pétalos. 35 Cada uno de los tres pares de brazos que salen del candelabro tendrá un cáliz en su parte inferior. 36 Los cálices y los brazos deberán formar una sola pieza con el candelabro, el cual ha de ser de oro puro labrado a martillo. 37 Hazle también siete lámparas, y colócalas de tal modo que alumbren hacia el frente, 38 y que sus tenazas y platillos sean también de oro puro. 39 Usa treinta y tres kilos de oro puro para hacer el candelabro y todos sus utensilios, 40 y pon tu atención en hacerlos iguales a los modelos que se te mostraron en el monte.
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septiembre 04, 2012
EXODO 24
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septiembre 03, 2012
EXODO 23
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septiembre 02, 2012
EXODO 22
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septiembre 01, 2012
EXODO 21
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agosto 31, 2012
EXODO 20
Éxodo 20
Dios Habla Hoy (DHH)
Los diez mandamientosA)'>
20 Dios habló, y dijo todas estas
palabras:
2 «Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó
de Egipto, donde eras esclavo.
3 »No tengas otros dioses aparte de
mí.
4 »No te hagas ningún ídolo ni
figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni
de lo que hay en el mar debajo de la tierra. 5 No te inclines delante de
ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Señor tu Dios, Dios celoso que
castiga la maldad de los padres que me odian, en sus hijos, nietos y
bisnietos; 6 pero que trato con amor por mil generaciones a los que me
aman y cumplen mis mandamientos.
7 »No hagas mal uso del nombre del Señor
tu Dios, pues él no dejará sin castigo al que use mal su
nombre.
8 »Acuérdate del sábado, para
consagrarlo al Señor. 9 Trabaja seis días y haz en ellos todo lo que tengas que
hacer, 10 pero el séptimo día es de reposo consagrado al Señor tu
Dios. No hagas ningún trabajo en ese día, ni tampoco tu hijo, ni tu hija, ni tu
esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que viva
contigo. 11 Porque el Señor hizo en seis días el cielo, la tierra,
el mar y todo lo que hay en ellos, y descansó el día séptimo. Por eso el Señor
bendijo el sábado y lo declaró día sagrado.
12 »Honra a tu padre y a tu madre, para
que vivas una larga vida en la tierra que te da el Señor tu
Dios.
13 »No mates.
14 »No cometas
adulterio.
15 »No robes.
16 »No digas mentiras en perjuicio de tu
prójimo.
17 »No codicies la casa de tu prójimo:
no codicies su mujer, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni
nada que le pertenezca.»
Los israelitas sienten temor de DiosB)'>
18 Todos los israelitas fueron testigos de los truenos y
relámpagos, del sonido de trompetas y del monte envuelto en humo; pero tenían
miedo y se mantenían alejados. 19 Así que le dijeron a
Moisés:
—Háblanos
tú, y obedeceremos; pero que no nos hable Dios, no sea que
muramos.
20 Y Moisés les
contestó:
—No tengan
miedo. Dios ha venido para ponerlos a prueba y para que siempre sientan temor de
él, a fin de que no pequen.
21 Y mientras el pueblo se mantenía
alejado, Moisés se acercó a la nube oscura en la que estaba
Dios.
La ley para el altar
22 El Señor le dijo a Moisés:
«Di
lo siguiente a los israelitas: “Ya ustedes han visto que he hablado desde el
cielo con ustedes. 23 No hagan ídolos de oro o plata para adorarlos como a
mí. 24 Háganme un altar de tierra, y ofrézcanme en él los
animales de sus rebaños y ganados como holocaustos y sacrificios de
reconciliación. Yo vendré y los bendeciré en cada lugar en el que yo quiera que
se recuerde mi nombre. 25 Y si me hacen un altar de piedras, que no sea de piedras
labradas, porque al labrar la piedra con herramientas se la hace indigna de un
altar. 26 Y mi altar no debe tener escalones, para que al subir
ustedes no muestren la parte desnuda del cuerpo.”
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agosto 30, 2012
EXODO 19
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agosto 29, 2012
EXODO 18
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Éxodo 18
Dios Habla Hoy (DHH)
Jetró visita a Moisés
18 Jetró, el sacerdote de
Madián y suegro de Moisés, supo todo lo que Dios había hecho por Moisés y por su
pueblo Israel, y supo también que el Señor los había sacado de Egipto.
2 Moisés
había despedido a su esposa Séfora, y Jetró la había recibido a ella
3 y a sus
dos hijos. Uno de éstos se llamaba Guersón, porque Moisés había dicho: «He sido
un extranjero en tierra extraña», 4 y el otro se llamaba Eliézer,
porque había dicho: «El Dios de mi padre vino en mi ayuda, y me salvó de la
espada del faraón.»
5 Moisés había acampado en el desierto, junto al monte de
Dios, y allá fue Jetró, acompañado por la esposa y los hijos de Moisés.
6 Y le
dijo a Moisés:
—Yo, tu suegro Jetró, he venido a
verte, junto con tu esposa y sus dos hijos.
7 Moisés salió a recibir a su suegro. Se inclinó delante de
él y lo besó; y después de saludarse entraron en la tienda de campaña.
8 Allí
Moisés le contó a su suegro todo lo que el Señor les había hecho al faraón y a
los egipcios en favor de Israel, todas las dificultades que habían tenido en el
camino, y la forma en que el Señor los había salvado.
9 Jetró se alegró por la mucha bondad que Dios había
mostrado a los israelitas al salvarlos del poder de los egipcios, 10 y
dijo:
—Bendito sea el Señor, que los ha
librado a ustedes, pueblo de Israel, del poder del faraón y de los egipcios; que
los ha librado del poder opresor 11 y de la insolencia con que
ellos los trataron. Ahora estoy convencido de que el Señor es más grande que
todos los dioses.
12 Jetró tomó un animal para quemarlo en honor de Dios, y
también otras ofrendas. Luego Aarón y todos los ancianos de Israel fueron a
comer con el suegro de Moisés, en presencia de Dios.
Moisés nombra otros jueces A)'>
13 Al día
siguiente Moisés se sentó para resolver los pleitos de los israelitas, los
cuales acudían a él desde la mañana hasta la tarde. 14 Al ver el trabajo que
Moisés se tomaba, su suegro le dijo:
—¿Por qué te tomas todo ese trabajo?
La gente acude a ti desde la mañana hasta la tarde. ¿Por qué te dedicas a
atenderlos tú solo?
15 Y Moisés le contestó:
—Es que el pueblo viene a verme para
consultar a Dios. 16 Cuando tienen dificultades entre ellos, vienen a verme
para que yo decida quién es el que tiene la razón; entonces yo les hago saber
las leyes y enseñanzas de Dios.
17 Pero su suegro Jetró le advirtió:
—No está bien lo que haces,
18 pues
te cansas tú y se cansa la gente que está contigo. La tarea sobrepasa tus
fuerzas, y tú solo no vas a poder realizarla. 19 Escucha bien el consejo que
te voy a dar, y que Dios te ayude. Tú debes presentarte ante Dios en lugar del
pueblo, y presentarle esos problemas. 20 A ellos, instrúyelos en las
leyes y enseñanzas, y hazles saber cómo deben vivir y qué deben hacer.
21 Por lo
que a ti toca, escoge entre el pueblo hombres capaces, que tengan temor de Dios
y que sean sinceros, hombres que no busquen ganancias mal habidas, y a unos
dales autoridad sobre grupos de mil personas, a otros sobre grupos de cien, a
otros sobre grupos de cincuenta y a otros sobre grupos de diez. 22 Ellos
dictarán sentencia entre el pueblo en todo momento; los problemas grandes te los
traerán a ti, y los problemas pequeños los atenderán ellos. Así te quitarás ese
peso de encima, y ellos te ayudarán a llevarlo. 23 Si pones esto en práctica,
y si Dios así te lo ordena, podrás resistir; la gente, por su parte, se irá
feliz a su casa.
24 Moisés le hizo caso a su suegro y puso en práctica todo
lo que le había dicho: 25 escogió a los hombres más capaces de Israel, y les dio
autoridad sobre grupos de mil personas, de cien, de cincuenta y de diez.
26 Ellos
dictaban sentencia entre el pueblo en todo momento; los problemas difíciles se
los llevaban a Moisés, pero todos los problemas de menor importancia los
resolvían ellos mismos. 27 Después Moisés y su suegro se despidieron, y su suegro
regresó a su país.
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agosto 28, 2012
EXODO 17
Éxodo 17
Dios Habla Hoy (DHH)
Agua de la roca A)'>
17 Toda la comunidad israelita salió del desierto de Sin, siguiendo su camino poco a poco, de acuerdo con las órdenes del Señor. Después acamparon en Refidim, pero no había agua para que el pueblo bebiera, 2 así que le reclamaron a Moisés, diciéndole:
—¡Danos agua para beber!
—¿Por qué me hacen reclamaciones a mí? ¿Por qué ponen a prueba a Dios? —contestó Moisés.
3 Pero el pueblo tenía sed, y hablaron en contra de Moisés. Decían:
—¿Para qué nos hiciste salir de Egipto? ¿Para matarnos de sed, junto con nuestros hijos y nuestros animales?
4 Moisés clamó entonces al Señor, y le dijo:
—¿Qué voy a hacer con esta gente? ¡Un poco más y me matan a pedradas!
5 Y el Señor le contestó:
—Pasa delante del pueblo, y hazte acompañar de algunos ancianos de Israel. Llévate también el bastón con que golpeaste el río, y ponte en marcha. 6 Yo estaré esperándote allá en el monte Horeb, sobre la roca. Cuando golpees la roca, saldrá agua de ella para que beba la gente.
Moisés lo hizo así, a la vista de los ancianos de Israel, 7 y llamó a aquel lugar Meribá porque los israelitas le habían hecho reclamaciones, y también lo llamó Masá porque habían puesto a prueba a Dios, al decir: «¿Está o no está el Señor con nosotros?»
Guerra contra los amalecitas
8 Los amalecitas se dirigieron a Refidim para pelear contra los israelitas. 9 Entonces Moisés le dijo a Josué:
—Escoge algunos hombres y sal a pelear contra los amalecitas. Yo estaré mañana en lo alto del monte, con el bastón de Dios en la mano.
10 Josué hizo lo que Moisés le ordenó, y salió a pelear contra los amalecitas. Mientras tanto, Moisés, Aarón y Hur subieron a lo alto del monte. 11 Cuando Moisés levantaba su brazo, los israelitas dominaban en la batalla; pero cuando lo bajaba, dominaban los amalecitas. 12 Pero como a Moisés se le cansaban los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentara en ella. Luego Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno de un lado y el otro del otro. De esta manera los brazos de Moisés se mantuvieron firmes hasta que el sol se puso, 13 y Josué derrotó al ejército amalecita a filo de espada.
14 Entonces el Señor le dijo a Moisés:
—Escribe esto en un libro, para que sea recordado; y dile a Josué que voy a borrar por completo el recuerdo de los amalecitas.
15 Moisés hizo un altar, al que puso por nombre «El Señor es mi bandera», 16 y dijo:
«¡La bandera del Señor en la mano!
¡El Señor está en guerra con Amalec
de una generación a otra!»
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agosto 27, 2012
EXODO 16
Éxodo 16
Dios Habla Hoy (DHH)
Dios da el maná
16 Toda la comunidad israelita salió de Elim y llegó al
desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí. Era el día quince del mes segundo
después de su salida de Egipto. 2 Allí, en el desierto, todos
ellos comenzaron a murmurar contra Moisés y Aarón. 3 Y les decían:
—¡Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto! Allá
nos sentábamos junto a las ollas de carne y comíamos hasta llenarnos, pero
ustedes nos han traído al desierto para matarnos de hambre a todos.
4 Entonces el Señor le dijo a
Moisés:
—Voy a hacer que les llueva comida del cielo. La gente
deberá salir cada día, y recogerá sólo lo necesario para ese día. Quiero ver
quién obedece mis instrucciones y quién no. 5 El sexto día, cuando preparen
lo que van a llevar a casa, deberán recoger el doble de lo que recogen cada
día.
6 Moisés y Aarón dijeron
entonces a los israelitas:
—Por la tarde sabrán ustedes que el Señor fue quien los
sacó de Egipto, 7 y por la mañana verán la gloria del Señor; pues ha oído
que ustedes murmuraron contra él. Porque, ¿quiénes somos nosotros para que
ustedes nos critiquen?
8 Y Moisés añadió:
—Por la tarde el Señor les va a dar carne para comer, y
por la mañana les va a dar pan en abundancia, pues ha oído que ustedes
murmuraron contra él. Porque, ¿quiénes somos nosotros? Ustedes no han murmurado
contra nosotros, sino contra el Señor.
9 Luego Moisés le dijo a
Aarón:
—Di a todos los israelitas que se acerquen a la presencia
del Señor, pues él ha escuchado sus murmuraciones.
10 En el momento en que Aarón
estaba hablando con los israelitas, todos ellos miraron hacia el desierto, y la
gloria del Señor se apareció en una nube. 11 Y el Señor se dirigió a
Moisés y le dijo:
12 —He oído murmurar a los
israelitas. Habla con ellos y diles: “Al atardecer, ustedes comerán carne, y por
la mañana comerán pan hasta quedar satisfechos. Así sabrán que yo soy el Señor
su Dios.”
13 Aquella misma tarde
vinieron codornices, las cuales llenaron el campamento, y por la mañana había
una capa de rocío alrededor del campamento. 14 Después que el rocío se
hubo evaporado, algo muy fino, parecido a la escarcha, quedó sobre la superficie
del desierto. 15 Como los israelitas no sabían lo que era, al verlo se
decían unos a otros: «¿Y esto qué es?» Y Moisés les dijo:
—Éste es el pan que el Señor les da como
alimento. 16 Y ésta es la orden que ha dado el Señor: Recoja cada uno
de ustedes lo que necesite para comer y, según el número de personas que haya en
su casa, tome más o menos dos litros por persona.
17 Los israelitas lo hicieron
así. Unos recogieron más, otros menos, 18 según la medida acordada; y
ni le sobró al que había recogido mucho, ni le faltó al que había recogido poco.
Cada uno había recogido la cantidad que necesitaba para comer.
19 Luego Moisés les
dijo:
—Nadie debe dejar nada para el día siguiente.
20 Sin embargo, algunos de
ellos no hicieron caso a Moisés y dejaron algo para el otro día; pero lo que
guardaron se llenó de gusanos y apestaba. Entonces Moisés se enojó con
ellos.
21 Cada uno recogía por las
mañanas lo que necesitaba para comer, pues el calor del sol lo derretía.
22 Pero
el sexto día recogieron doble porción de comida, es decir, unos cuatro litros
por persona; entonces los jefes de la comunidad fueron a contárselo a
Moisés, 23 y Moisés les dijo:
—Eso es lo que el Señor ha ordenado. Mañana es sábado,
un reposo consagrado al Señor. Cocinen hoy lo que tengan que cocinar y hiervan
lo que tengan que hervir, y guarden para mañana todo lo que les
sobre.
24 De acuerdo con la orden de
Moisés, ellos guardaron para el día siguiente lo que les había sobrado, y no
apestaba ni se llenó de gusanos. 25 Entonces Moisés
dijo:
—Cómanlo hoy, que es el sábado consagrado al Señor, pues
en este día no encontrarán ustedes nada en el campo. 26 Podrán recogerlo durante
seis días, pero el séptimo día, que es sábado, no habrá nada.
27 Algunos de ellos salieron
el séptimo día a recoger algo, pero no encontraron nada. 28 Entonces el
Señor le dijo a Moisés:
—¿Hasta cuándo van ustedes a seguir desobedeciendo mis
mandamientos y mis enseñanzas? 29 Tomen en cuenta que yo, el
Señor, les he dado un día de reposo; por eso el sexto día les doy comida para
dos días. Así que el séptimo día cada uno debe quedarse en su casa y no salir de
ella.
30 Entonces la gente reposó el
día séptimo.
31 Los israelitas llamaron
maná a lo que recogían. Era blanco, como semilla de cilantro, y dulce como
hojuelas con miel.
32 Después Moisés
dijo:
—Ésta es la orden que ha dado el Señor: “Llenen de maná
una medida de dos litros, y guárdenla para sus descendientes, para que vean la
comida que yo les di a ustedes en el desierto, cuando los saqué de
Egipto.”
33 A Aarón le dijo:
—Toma una canasta, y pon en ella unos dos litros de
maná. Ponla después en la presencia del Señor, y que se guarde para los
descendientes de ustedes.
34 De acuerdo con la orden que
el Señor le dio a Moisés, Aarón puso la canasta ante el arca de la alianza, para
que fuera guardada.
35 Los israelitas comieron
maná durante cuarenta años, hasta que llegaron a tierras habitadas; es decir, lo
comieron hasta que llegaron a las fronteras de la tierra de Canaán.
36 (El gomer era la
décima parte de un efa.)
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