¿Qué hacer cuando no vemos la salida del laberinto?
Susan Sarandón protagoniza una película que impactó al pueblo
latinoamericano. “Thelma y Lois“. Fue éxito de taquilla en la década de
los noventa. En particular la escena final genera multitud de
sentimientos. Temor, angustia, desesperación, incertidumbre. Las dos
mujeres se encuentran en el viejo automóvil a pocos metros del Gran
Cañón, en los Estados Unidos. Detrás, decenas de policía amenazan con
disparar si no se rinden. Delante el vacío. No hay salida. ¿Recuerda? El
filme concluye cuando aceleran el auto para lanzarse al precipicio…
¿Cómo se resuelven problemas cuando el panorama –como en las imágenes
de la cinta cinematográfica—se encuentra tan ensombrecido que nos
sentimos al borde del abismo? Esta pregunta ha asaltado por años a
hombres y mujeres inmersos en profundas crisis cuando todo alrededor
parece estar en contra y las soluciones no se aprecian en la distancia.
Estos raptos de angustia suelen ocurrir con frecuencia y toman por
sorpresa la vida del cristiano. Esa razón lleva a que el impacto sea
mayor. Generalmente no estamos preparados para los momentos difíciles
sino para las circunstancias agradables. Si nos ofrecieran la
posibilidad de escoger, sin duda nos inclinaríamos por la línea que
demande menor esfuerzo.
Desde los líderes hasta aquél que recién
aceptó a Jesucristo como su único y suficiente Salvador, todos en
conjunto experimentamos épocas traumáticas. Alrededor las cosas lucen
sin color, grises, como la antesala de una lluvia torrencial.
No es una disyuntiva nueva
Encontrarse al borde del abismo sin saber qué camino tomar no es algo
nuevo. Siempre ha golpeado a hombres y mujeres en todas las épocas de la
historia humana.
La Biblia contiene el registro de alguien que
se encontró sumido en un laberinto sin aparente salida. Fue el profeta
Eliseo. Era perseguido por los Sirios. El rey de aquella nación había
ordenado: “—Averigüen dónde está para que envíe yo unos hombres a que lo
capturen” (2 Reyes 6:13. Versión Popular “Dios habla hoy”). Con esta
sentencia buscaba quitarlo de en medio ya que por revelación de Dios
conocía sus planes con antelación y los echaba por tierra al alertar al
pueblo de Israel.
Quienes estaban en su búsqueda llegaron a la ciudad de Dotán, donde se encontraba. Ellos rodearon la ciudad…
Primer paso: Vencer la incertidumbre
Las Escrituras señalan que “A la mañana siguiente se levantó el criado
de Eliseo, y al salir vio aquél ejército que rodeaba la ciudad con
caballería y carros de combate; entonces fue a decirle a Eliseo:–Y
ahora, maestro, ¿qué vamos a hacer?” (2 reyes 6:15).
Aunque usted
y yo estemos al servicio de la obra de Jesucristo es inevitable que en
medio de la crisis experimentemos sensaciones que nos roban la paz. La
incertidumbre es una de ellas. ¿Acaso no hemos visto a Dios obrando? Por
supuesto, pero la vacilación es un estado emocional que está a la
puerta cuando consideramos que todo punto de fortaleza en el que hemos
confiado, se desmorona ante nuestros ojos.
Viene ahora la
pregunta apenas natural: ¿Cómo vencer la incertidumbre? La respuesta es
necesario asimilarla como un principio de vida en nuestro corazón:
Depositando nuestra confianza en Dios tras reconocer que logramos la
victoria no en nuestras fuerzas humanas y limitadas, sino en las fuerzas
de Dios.
Segundo paso: La oración llevando a Dios nuestra crisis
Si estuviéramos en el lugar, en aquél instante, podríamos apreciar el
rostro inmutable de Eliseo. Escuchó a su criado con calma. Luego midió
cada una de sus palabras para que el impacto no fuera traumático para
aquél hombre que le observaba con gesto de desconcierto. “Eliseo le
respondió:–No tengas miedo, porque son más los que están con nosotros
que los que están con ellos” (versículo 16).
Tercer paso: Mirar los problemas con los ojos de Dios
Cuando depositamos nuestra confianza en el Señor, aprendemos a mirar
los problemas no en la dimensión que humanamente los apreciamos, sino
con los ojos de Dios:
“Y oró Eliseo al Señor, diciendo: “Te ruego
Señor, que abras sus ojos, apara que vea.” El Señor abrió entonces los
ojos del criado, y este vio que la montaña estaba llena de caballerías y
de carros de fuego alrededor de Eliseo” (versículos16, 17).
¿Qué
marcó la diferencia? No fue la fortaleza de la ciudad de Dotan. En
absoluto. Fue un hombre de Dios que se encontraba en el lugar. Gracias a
Él, Dios respaldaba la seguridad de aquél poblado. Usted y yo, en
nuestra condición de cristianos consagrados, marcamos la diferencia.
En noviembre de 2004 un fuerte movimiento de tierra que alcanzó los 7.2
grados en la escala de Richter y que duró alrededor de veinticuatro
segundos, averió cerca de cuatrocientas viviendas y apartamentos en
Santiago de Cali y su área de influencia.
Expertos que fueron
consultados acerca de la dimensión del movimiento telúrico concluyeron
que, dado el impacto, pudo haber destruido gran parte de la ciudad que
sobrepasa los dos millones de habitantes. No se explican por qué los
daños no fueron mayores.
Al respecto varios pastores y líderes
cristianos reunidos en oración llegamos a una conclusión: fue por el
creciente número de cristianos que residen en esta metrópoli que Dios
manifestó misericordia. ¿Arrogante? En absoluto. Si conoce nuestra amada
ciudad sabrá que es una de las más disipadas en cuanto a la vida moral,
y aunque nos duela admitirlo, también en farmacodependencia. Hace mucho
rato pudo producirse el juicio de Dios, pero Él ha sido fiel a su
pueblo y nos ha guardado.
No lo olvide jamás: los hombres y mujeres de Dios marcan la diferencia…
Cuarto paso: Ore a Dios
Cuando la tormenta arrecia antes que salir corriendo debemos aumentar
nuestra oración. En este pasaje en todo momento apreciamos a Eliseo
clamando delante de Dios.
“Cuando ya los sirios iban a atacarlo,
Eliseo rogó al Señor: “Te pido que dejas ciega a esta gente”. Y el Señor
los dejó ciegos, conforme a la petición de Eliseo. Entonces Eliseo les
dijo: –Este no es el camino, ni es esta la ciudad que buscan. Síganme, y
yo los llevaré hasta el hombre que buscan” (versículos 19, 20).
Se requiere sin duda mucha confianza en el Creador para permanecer
firmes en semejante peligro. Pero quien deposita su esperanza en el
Creador, permanece firme.
Quinto paso: Obre siempre como cristiano
Estamos de acuerdo con el hecho de que Eliseo no era cristiano, pero
era un profundo servidor de Dios. Y obraba en consonancia. Recordarán
que guió a los sirios hasta Samaria, cabecera del gobierno israelita,
donde estaban los escuadrones del ejército favorable a Eliseo. “Y cuando
el rey de Israel los vio, preguntó a Eliseo:–¿Los mato, padre mío, los
mato? Pero Eliseo respondió:–No, no los mates. ¿Acaso acostumbras matar a
quienes has hecho prisioneros con tu espada y con tu arco? Dales de
comer y beber, y luego devuélvelos a su señor. Se les hizo entonces una
gran fiesta, y comieron y bebieron. Luego el rey los despidió…”
(versículos 21-23).
La misericordia quedó de manifiesto en las
actitudes de Eliseo. Hizo el bien a quienes buscaban matarlo. Obró como
creyente, tal como debe hacerlo usted. Amor en lugar de odio.
Cuatro principios que comparto con usted, fundamentados en las
Escrituras, bajo el convencimiento de que constituyen un instrumento
eficaz para salir airosos en los períodos de crisis…